BADY, MI MEJOR AMIGO. Tamara Martín

Hace un día estupendo. Mico acaba de levantarse para ir a clase. Desde la ventana de la cocina está viendo a Bady en el jardín con su juguete favorito, que es un balón. Mientras lo observa, prepara el desayuno que llevará al instituto.

¡Vaya!, piensa Mico, hoy me toca aguantar al señor Cook, su clase se hace interminable, hay días que me quedo dormido. A veces se da cuenta y me manda al despacho del director y llaman a mi mamá.

Bady tiene siete  años y es un Golden Retriever de color beige. Se lo regaló su padre por el cumpleaños, aún lo recuerda, fue un día muy feliz: Anna, la madre, y la tía Carol prepararon una fiesta y pusieron  globos adornando  todo el jardín.

Vinieron sus amigos, que le regalaron el bate y la gorra de béisbol, un coche teledirigido, un helicóptero, y también el balón que ahora tiene Bady. A la hora de la tarta su padre aún no había llegado; habrá perdido el avión, pensó Mico. Viaja bastante y apenas puede estar con él por su trabajo. Cerró los ojos para pedir un deseo, sopló las velas, levantó la mirada al frente, y allí estaba con una caja grande de color azul y decorada con un lazo blanco.

— ¡Papá has venido, qué bien!

Empezó a correr hacia él y lo abrazó. Mico pensaba que ya no vendría.

— ¿Qué tal campeón? —dijo el padre, que lo llama así desde que empezó a jugar al béisbol. — ¡Cuántos regalos veo por aquí!

—Claro que sí, mira lo que me ha regalado la tía Carol: ¡un guante de béisbol! ¿Qué hay dentro de la caja? Parece que se mueve.

—Es tu regalo de cumpleaños. ¡Ábrelo!

Mico quitó el lazo y la tapa muy deprisa, qué ilusión le hizo verlo metido en la caja, era un cachorrito de tres meses. Entre los dos decidieron llamarlo Bady. 

Se hicieron  muy amigos. Bady acompaña a Mico a casi todos los sitios, incluidos los entrenamientos de béisbol.

Cuando Mico vuelve del instituto, Bady siempre lo espera en la parada del autobús; al abrirse la puerta del vehículo salta de contento y muerde la mochila para que lo acaricie.

Una vez llegan a casa, se quedan en el jardín a jugar hasta la hora de la comida. A Bady le gusta que lancen el balón, va corriendo a cogerlo, lo trae y Mico vuelve a lanzárselo. Otras veces juegan  a que tiene que quitar el balón a Mico y termina consiguiéndolo. Se sale con la suya.

Mañana es sábado y después de comer  Mico paseará por el bosque que está a un kilómetro de donde vive. Lleva a Bady consigo, les gusta ir por allí porque llegan hasta un riachuelo y pueden ver ardillas corriendo entre los pinos.

Ambos corren, saltan, se tiran por el suelo y cogen piñas, Mico las va metiendo en una bolsa y Bady lleva una en la boca.

Después de un día caluroso comenzó a nublarse, y en cuestión de minutos se puso el cielo todo negro. Empezó hacer mucho viento. 

Habrá tormenta, pensó Mico, tenemos que salir corriendo de aquí, estamos en la mitad del bosque y es muy peligroso, además a Bady le da mucho miedo la tormenta.

—Vamos Bady, tenemos que irnos.

Tronó muy fuerte, Bady se asustó muchísimo y corrió en dirección contraria.

— Espera Bady, por ahí no es.

Mico empezó a perseguirlo gritando: 

— ¡Bady, Bady!

Pero le pierde la pista, ya no lo ve. Mico no puede regresar sin Bady. Por otra parte, su madre estará muy preocupada y empezará a buscarlos.

Y ahora se pone a llover. ¡Lo que faltaba!, piensa Mico.

Mientras, su padre, que ha llegado de viaje, saca la maleta del coche, se dirige hacia la puerta y los llama:

— ¡Campeón! ¡Bady!

— ¡Bady! ¡Campeón! —repite, y piensa ¿dónde estarán que no se asoman por la ventana?

Se abre la puerta y Anna sale a buscarlos; hace bastante viento, pues sigue la tormenta y no deja de llover. Lleva unas botas rojas de lluvia que le regalaron por Navidad y un abrigo largo azul oscuro con el gorro a juego.

— ¿Qué pasa, Anna?

— Hola, Brian, menos mal que has vuelto. Mico salió a dar un paseo con Bady y no ha llegado, voy a buscarlos.

— Espérame, dejo la maleta y voy contigo.

— Confío en que no les haya pasado nada. ¡Menuda tormenta! Coge otra linterna del cajón del mueble de la entrada.

—Ya la tengo —dice el padre dejando la maleta en el suelo.

—Vamos hasta el bosque, suelen ir por allí. ¿Qué tal el viaje?

—Bien, no se ha dado mal esta vez.

— ¿Habéis cerrado el acuerdo, Brian?

—Aún no, pero en breve lo conseguiremos.

El padre de Mico trabaja en una multinacional, por eso viaja bastante y el niño solo lo ve algún fin de semana. Ya no puede ir a los entrenamientos ni a los partidos de béisbol. Está muy ocupado con su nuevo trabajo. A Mico lo que le gustaría es que apareciera su padre en algún partido para mostrarle lo bien que juega, pues es uno de los mejores bateadores de su equipo.

Mico sigue en busca de Bady, y piensa “dónde se habrá metido”.

— ¡Bady! ¡Bady!, Ni siquiera lo oigo ladrar.

Se pone en lo peor.

— ¿Y si le ha pasado algo? Tengo que encontrarlo, Bady es muy fuerte y no se perderá. Lo encontraré.

De repente empieza a oír la voz de su madre.

— ¡Mico! ¡Bady!

¡Sí! Es ella, qué bien, así podremos encontrar a Bady.

— ¡Mamá estoy aquí!

Mico nota que viene acompañada, después distingue a su padre.

Qué ilusión le hizo ver a su padre porque no lo esperaba tan pronto. Se lanzó a sus brazos.

— ¿Qué ha pasado, campeón?

—Empezó a ponerse el cielo muy oscuro, oímos un trueno muy grande, Bady se asustó y escapó hacia allí.

—Lo encontraremos.

Están llegando casi al otro lado del bosque, y a lo lejos ven que algo se mueve entre las hojas.

— ¡Bah!, será el viento —dijo Mico. 

— ¡Es Bady! —contesta su padre.

Mico empieza a correr hacia él; está tumbado y no puede levantarse, parece herido.

— ¡Date prisa, papá!

Tiene una pata de atrás atrapada en un cepo, Brian coge dos palos para intentar abrirlo un poco y sacar  la pata de Bady.

—Vamos papá, tú puedes hacerlo, hay que conseguirlo.

Después de mucho esfuerzo liberan la pata, lo cogen en brazos y salen corriendo hacia su casa para llevarlo en el coche a la clínica veterinaria.

No deja de llover, llegan a casa. Anna coge las llaves del coche y una manta para arropar a Bady.

— Tomaré el atajo para llegar antes, aunque la carretera es un poco peligrosa y muy estrecha, no hay luz que la ilumine, solo con los faros del coche y además suelen cruzarse animales —dicho esto, Brian coge el atajo.

—Papá, ¿se pondrá bien Bady, verdad?

— Claro que sí, campeón.

Al fondo empieza a verse unas luces, se acercan y son unos operarios de la carretera que reparan el destrozo que ha hecho la tormenta.

Brian abre la ventanilla.

— ¿Qué ha pasado?

—Ha caído un rayo y ha derribado ese árbol. No se puede pasar. Tienen que dar la vuelta.

Brian da la vuelta y va todo lo rápido que puede. Bady está inconsciente por el dolor y la sangre que ha perdido.

— ¡Date prisa papá, Bady se ha quedado inconsciente! —dice Mico, y se pone a llorar.

Por fin llegan a la clínica veterinaria, entran por la sala de urgencias, y esperan fuera porque tienen que estabilizar a Bady.

Al cabo de media hora sale el veterinario para informar de que el animal está sedado y tiene que pasar unos días ingresado. Mañana podrán verlo.

Al día siguiente el primero en levantarse es Mico, está deseando ir a la clínica para ver a su mejor amigo, es la primera vez que se han separado.

Bady se recupera poco a poco aunque todavía cojea e intenta jugar con Mico. 

Se los ve muy felices a los dos. Mico vuelve a entrenar y Bady asistirá al gran partido de béisbol de fin de temporada. Nunca había ido a los partidos, ni tampoco Brian a causa de los viajes. 

Llega el gran día, Mico fue en el autobús del equipo hacia el campo de juego, Brian, Anna y Bady fueron en el coche.

Comienza el partido, todo trascurre con normalidad. Avanzan los minutos y van empatados. El partido de béisbol nunca puede acabar con un empate. Le toca batear a Mico, si logra desempatar, ganan el partido. En sus manos está.

Brian grita desde la grada:

— ¡Vamos campeón, tú puedes hacerlo!

Strike 1, ha fallado. Strike 2, ha vuelto a fallar.

¡Qué me pasa!, piensa el niño.

Se acerca el entrenador y le dice que se concentre que es la última oportunidad, que puede hacer que ganen el partido.

En el tercer lanzamiento da a la pelota, suelta el bate y corre para llegar a la base. Lo consigue y ganan el partido.

Qué feliz se puso, igual que sus compañeros de equipo. Fueron a casa para que Mico se cambiara de ropa, porque se van a celebrarlo y al día siguiente darán una fiesta en casa.

Desde el piso de abajo se oye a su madre que dice:

 — ¡Mico, la cena está lista, puedes bajar!

—Voy mamá —Mico pasa la última hoja del libro, lo cierra y lo deja encima de la cama.

Llegado al comedor, le pregunta su madre:

— ¿Qué hacías tanto tiempo encerrado en tu habitación?

— Ya lo sabes mamá, cuando tengo tiempo libre me gusta leer de nuevo mi cuento favorito, que es “Bady, mi mejor amigo”.

Un pensamiento en \"BADY, MI MEJOR AMIGO. Tamara Martín\"

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *