DEL AMOR Y OTRAS COSAS. Mercedes Lubian

El teléfono llama una y otra vez, pero yo no quería contestar. Observé el número fijamente, y pensativa pulsé la tecla verde.

Dime Robert. ¿A qué vienen tantas llamadas? ¿Qué ocurre?

Hola María, necesito que nos veamos cuanto antes.

—¿Tenemos algo pendiente o ya no te quedan jovencitas en tu lista para salir?—le dije con ironía.

¡Cuánto sarcasmo! Te invito a cenar esta noche y te lo explico. Nos vemos a las ocho en La Petite Cuisine.

¡En fin! Acepto—le respondí.

Entonces, agarré el bolso, el abrigo y fui en busca de mi amiga Marga para comprar un vestido. Quería estar deslumbrante  esa noche.

Marga, me alegro de que me acompañes—le dije mientras echaba un vistazo a los vestidos—tengo una cena con Robert y no sé qué ponerme.

Así que te ha llamado.

Yo imaginaba que continuaría con sus devaneos. Desde entonces no he vuelto a salir con otro hombre. Aún me duelen sus heridas—le respondí afligida dándole un beso de despedida¡Gracias por estar siempre cuándo te necesito!

Cuando llegué a casa tras comprar el vestido  estaba sola. No me importó, así no perdería el tiempo. Me miré en el espejo una y otra vez para estar perfecta. Cogí un taxi para ir a la cita. Entré en el restaurante, dejé mi abrigo en el guardarropa y pregunté por la reserva al camarero, quién me acompañó amablemente hasta la mesa donde ya estaba Robert. Después de saludarnos comenzó ansiosamente a hablar:

 A mis sesenta y cinco años una joven de veintitrés me robó el corazón—soltó de repente—María, lo dejo todo, rompo con el pasado y compraré una casa en alguna isla maravillosa. Viviré la vida.

No pude más, me levanté decepcionada y regresé a mi apartamento. Cogí todos los recuerdos que me regaló cuando se iba de viaje y los metí en una caja para llevarlos al trastero. ¡No los abriré nunca más! Anna, mi hija, no tardó en aparecer por la puerta.

 Hola mamá, ¿qué te ocurre?—me preguntó.

La cita con tu padre fue un verdadero fracaso. No merece la pena hablar de ello—le dije intentando disimular mi decepción.

A propósito del viaje Túnez Deberás de ir aunque no te apetezca. 

Ahora no puedo, tengo novio y no quiero irme.

Esa reunión es nuestra oportunidad para salvar la empresa.¡Por favor!

¡Está bien!  En cuanto a mi novio, mañana a las tres comeremos y te lo presentaré—me dijo Anna. Chris te encantará.

Añadió que era ingeniero y, además, tenía cinco mansiones, un hotel y varias empresas de investigación. Mi hija dejaría la empresa familiar. Su querido novio le ofreció un puesto de dirección en el hotel. Me quedaría sola con la empresa y era demasiado para mí. Tendría que buscar un socio y, no me resultaría fácil.

El día siguiente a las tres  Anna ya me esperaba. Su novio llegó unos minutos más tarde.

Anna—le dijo a mi hija—, ¿no me presentas?

Mamá, éste es Chris.

¿Cuántos años tiene usted? le pregunté directamente.

Cincuenta y ocho—respondió.

¡Santo cielo! Si ella podría ser su hija—le contesté mientras bebí de un trago el vino de  mi copa.

¿Qué problema hay?—preguntó Chris—¿Le parece que la diferencia de edad es impedimento para el amor?

¡Qué importa eso, madre!añadió Anna con pena¡Te admiro, pero no quiero ser como tú! Eres incapaz de amar a nadie que no sea a ti misma. Estás amargada. No trabajaré más contigo.

Entonces me levanté, salí del local y marché calle abajo hasta mi casa. Desde allí telefoneé a mi hija para suavizar la situación. Al día siguiente nos veríamos en el aeropuerto.

En el aeropuerto las despedidas no fueron calurosas, pero Anna y yo nos dimos unos besos de despedida. ¡Hasta dentro de una semana!—le dije—.Cuídate y llámame cuando estés en el hotel.

Te echaré de menos—le dijo Chris mientras la  besaba con pasión.

Al salir del aeropuerto, Chris se ofreció para llevarme en su coche, pero yo le respondí que no y comencé a caminar. Sentí su presencia detrás y, suavemente él se aproximó hasta ponerse a mi vera. Entonces insistió en acompañarme y le dije que sí.

 Imagino cómo es usted. Conozco muy bien a su padre y sé que se casó unas cuantas veces. Siempre con mujeres jóvenes. Y seguro que tampoco tiene cinco mansiones.

Es bien cierto lo que acaba de decir. Su cuarta mujer no pasa de los treinta y cinco.

Al día siguiente Chris visitó mi oficina. Mi hija debió decirle también que vivo encima de donde trabajo. Quería ofrecerme trabajo. 

La necesito para un proyecto—dijo imperturbable—, y usted es la persona indicada. ¡Piénselo!

Había algo en Chris, que me causaba atracción y rechazo al mismo tiempo. Era el novio de mi hija y…Sin embargo más tarde pensé que aquello mejoraría mi vida, así que regresé el día siguiente a su oficina e irrumpí en su despacho.

He cambiado de idea—le dije.Tal vez pueda trabajar para usted.

Chris me mostró el  plano de una mansión en ruinas, cuya construcción yo debería rehabilitar.

Quiero que sea una casa para inventores—dijo él mirándome.

A la mañana siguiente  Chris me recogió en su coche para visitar la mansión. Luego embarcamos para cruzar hasta el lugar. Hacía mucho tiempo que yo no disfrutaba de un paisaje tan hermoso. El silencio nos acompañó durante el corto viaje, sólo hablaron las miradas y las sonrisas.

¡Maravilloso! No tengo palabras. ¿Cómo ha dado con éste sitio?—le pregunté.

Me gusta explorar lugares recónditos—respondió—venga, entremos y echemos un vistazo.

Está orgulloso de su hallazgo, no hay más que mirarle—le dije, y entonces su sonrisa le delató.

¿Qué le parece? ¿Podrá convertirla en una residencia útil para los investigadores? Supongo que habrá suficiente sitio—dijo Chris.

Fuera de la casa había un pequeño jardín y una fuente con verdín. Chris y yo nos sentamos, cada uno en el extremo de un banco.

Aún falta media hora para que regrese la barca. ¿Qué le parece si nos sinceramos? ¿Puedo tutearte?—preguntó.

Sabes Chris, hay tres cosas que no pueden ocultarse: la tos, la edad y el amor—le dije mirando hacia el cielo.

Eres una gran persona y una mujer hermosa—respondió con ternura—.Sería para mí un honor que llegaras a quererme.

Pues té eres un hombre muy interesante, pero no olvides que ser emancipada no significa tirar por la borda mis principios.

No te preocupes por Anna–dijo él–tiene muchas cualidades y lo entenderá. A su regreso trataré de explicárselo. Mientras tanto aprovechemos el tiempo para que nuestro amor florezca.

La barca apareció con un suave rumor, cruzamos en ella hasta la otra orilla  y me acompañó hasta mi casa. Por la noche me puse mi mejor vestido. Un descapotable me esperaba abajo rumbo a la felicidad. Cenamos a la luz de la luna. La cabaña tenía preciosas vistas al lago, y las estrellas eran testigos de nuestro amor. Una dulce melodía nos llegaba desde el hotel. Bailamos hasta el amanecer.

 FIN

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *