FEDERICO. Alba Vidal Rodríguez

Era una noche cálida y oscura,

donde faltaba el manto de la luna,

brillaba el interior de tu alma pura,

abrasando tus lágrimas una a una.

Los lobos te insultaron y escupieron,

tus trémulas rodillas contra el suelo,

contra tus pecados arremetieron,

tu dignidad encañonada al cielo.

La tierra parda recibió tu vida,

tus andaluces ojos marchitaron,

las raíces gimieron la partida,

los olivos tus versos cobijaron.

Tu mirada abrazó constelaciones,

revelando el álgebra del valor,

de tu sangre florecieron pasiones,

sosteniendo tu nombre con dolor.

Los lobos se pensaron campeones,

pero al perpetuo tiempo perteneces,

como esquirlas en nuestros corazones,

cuando con tus palabras estremeces.

 

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