LA ALMIRANTE BUBULINA. Eva García.

Era una noche tranquila en la Isla de Kukudakis. Todos dormían, cuando de repente se oyó un cañonazo. ¡Pummmm!

Todo el mundo saltó de sus camas y salieron a la calle.

-¡Fuego, fuego! -Gritaban los vecinos.

De repente vimos que estaba ardiendo una de las  casas cerca del mar. Las llamas eran muy altas y subían hacia el cielo. Rápidamente empezamos a coger cubos de agua del mar para apagar el fuego entre todos.

-¡Rápido, más deprisa!

Algunas personas entraron en la casa. Tenían que salvar a aquella familia.

Al poco rato sacaron en brazos al señor y la señora Papadelis.

¿Y los niños? ¿Dónde están los niños?

-En la casa no están- dijeron.

Los que acababan de salir de la casa tenían la cara y la ropa negra, tosían sin parar y apenas podían hablar.

Entonces empezó a amanecer y con la nueva luz vieron un barco que se alejaba.

-¡Un barco pirata! Gritó Molón, uno de los vecinos.

-¡Lleva una bandera negra!- dijeron todos – ¡Son piratas!

-¿Se habrán llevado ellos a Lolo y Lolita? No podemos quedarnos aquí parados. ¡Tenemos que ir en su ayuda!

En aquel pueblo todos eran pescadores y sus barcos eran muy pequeños. Sólo había un barco grande capaz de perseguir a aquel barco pirata. Era el barco del almirante, pero sus dos piernas estaban enfermas y no podía caminar.

Fue entonces cuando Bubulina, la mujer del almirante dijo con voz enérgica y valiente:

-Iremos todos en nuestro barco. Yo seré la almirante Bubulina. Vayamos antes de que se alejen demasiado y les perdamos de vista.

Todo el mundo corrió a sus casas y traían harina, huevos, agua y patatas. Molón y Zampón empezaron a bajarlo todo a la bodega.

Embarcaron llenos de ilusión para una gran misión. Salvar a los niños de las garras de aquellos piratas con cara de malos y patas de palo.

Vieron a lo lejos una nube oscura. Bubulina y sus marineros sabían que era un aviso de tormenta.

Enseguida empezó a llover y siguieron truenos y relámpagos. Las olas eran tan grandes que tapaban el barco. El timón daba vueltas sin parar.

-¡Que alguien dirija el timón, nos vamos a hundir!-gritaba Bubulina.

De repente una ola gigantesca cubrió el barco. Todo se quedó oscuro y en silencio.

A la mañana siguiente despertaron en una playa.

-Hemos llegado a una isla- Dijo Zampón.

Todos tenían mucha sed, así que buscaron una fuente. Cuando la encontraron bebieron hasta saciarse.

Entonces ¿Sabéis lo que ocurrió? Molón descubrió que cerca de allí, al otro lado de la isla, estaban los piratas. Se acercaron con cuidado y vieron que tenían a Lolo y Lolita prisioneros. Les tenían atados a una palmera.

-Tenemos que rescatarles-dijo Bubulina. Recoged todos los cocos que podáis y llevadles al barco.

Entonces oyeron al capitán pirata que decía:

-Ahora dormiremos un rato. Dejaremos el tesoro en el barco y lo esconderemos más tarde.

Mientras los piratas dormían, los vecinos se acercaron con mucho cuidado para no hacer ruido y despertar a los piratas que ya estaban roncando como leones. Desataron a los niños despacito. Lolo y Lolita estaban muy asustados pero se sintieron muy contentos al ver que todos sus vecinos habían arriesgado sus vidas para salvarles.

-Gracias, amigos – dijeron los niños aliviados.

-No hay tiempo que perder, subamos al barco.

-¿Al barco pirata? Si se despiertan nos matarán.

-Por eso tenemos que hacerlo deprisa-Dijo Bubulina.

Subieron todos a bordo y el barco empezó a navegar. Cuando estaban a unos metros de la orilla, el capitán del barco, muy enfadado, gritó:

-¡Se llevan nuestro barco!

-¡Y nuestro tesoro!- gritaron los piratas-¡Corramos tras ellos, les atraparemos!

-Rápido, sacad los cocos -dijo La Almirante Bubulina.

Y empezaron a tirar cocos a los piratas.

-¡Ay, Ay, mi cabeza, mi oreja, mi culo!

Y así navegaron de vuelta a casa felices y entonces dijo Lolita:

-¿Mis padres están bien? ¿Nuestra casa se ha quemado?

-Tranquilos, ellos están bien y tenemos el tesoro. Entre todos ayudaremos a vuestros padres a construir una bonita casa.

Cuando llegaron a la isla Kukudakis todos les estaban esperando y saltaron de alegría al verles.

– ¡Bien, ya están aquí ¡ ¡ Son ellos!

Y fueron felices y comieron sardina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *