Nerea Astigarraga

Montaña empinada clavaba cuchillos bajo sus pies,

mísero corazón atormentado,

destilando sabiduría de menos es más,

creyéndose agraciada cuan despreciada risa burlona,

voz socarrona y vil maestría sin armonía.

Llegó el día en el que su piel gritó de dolor,

sus ojos languidecieron,

semejante a un otoño lluvioso.

Tan culta se creía, abultaba su osadía,

paseando por la avenida aquel día,

destrozada ante los ecos de tan triste utopía,

y ahora se pregunta:

¿Fue aquel amor infiel

deleitándole con sus timbales,

quien habría podido transformar

su llanto en risa y su agonía en poesía?

No supiste escucharle ni mirarle con tus ojos,

ni besarle con tus labios rojos,…

creíste ser un poema en su vida

y no fuiste más que una errata.

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