NOA, LA KOALA. José V. Dorado

Noa vive en un árbol, alto y cargado de hojas. En un bosque de árboles que se parecen mucho los unos a los otros, al sur de una isla gigantesca que parece un continente, Australia.

A Noa le encanta masticar hojas, lentamente. Realmente todo lo hace así, poco a poco. Se mueve siempre como si fuera una astronauta, flotando en el espacio. Y nunca se aleja de su árbol favorito. Le encantan las hojas de eucalipto. Pero sólo de algunos.

Noa, es un animal adorable, de los que dan ganas de abrazar, y nunca se había peleado con nadie… bueno, hasta aquel día.

Llevaba mucho tiempo sin llover. El ambiente era muy seco, escaseaban las hojas frescas y apetitosas. Por primera vez, la koala tuvo que bajar del árbol y alejarse, -sin prisas-, siguiendo a su olfato. Debía conseguir un nuevo árbol cargado de hojas deliciosas.

Estuvo caminando, -paso a paso-, toda la mañana. Entonces, algo se movió a su derecha. Las ramas de un arbusto se agitaron, y sonó el chasquido de unas ramas. Sintió que la observaban. El sonido cesó. Hasta los pájaros callaron. Noa permaneció inmóvil, más que nunca. Sin aviso, un dingo mostrando sus dientes saltó con ganas de caer sobre ella. Noa se tapó la cabeza con sus manitas. Sonó un disparo. Noa no se movió. El perro salvaje cayó al suelo, como dormido. Algo brillante en su costado tenía la culpa. El cazador se acercó, retiró el dardo para dormir que le había disparado, y le dijo a Noa:

—Hoy es tu día, pequeña, sigue caminando —y se alejó hacia el bosque, mascando chicle.

Noa, la koala, debió alterarse, puede que hasta sintiera miedo, pero mirándola era imposible saberlo. Se puso de puntillas, estiró el cuello y olfateó el aire. Además, sonaba un murmullo agradable y extraño, como si mucha agua de lluvia cantara una canción afinada. Y… ¡ese olor tan rico!

Sí, no había duda, al este del arbusto del dingo, no muy lejos, olía a eucalipto jugoso y rico. Su boca se llenó de saliva. Comenzó a recordar lo mucho que le gustaba masticar esas hojas que a nadie más apetecían.

Se puso en marcha, poco a poco.

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