OSCURA COMPAÑIA. Fco. Javier López

No sé si estabas allí desde siempre
y pasabas inadvertida,
quizás mis gafas de juguete no me dejaban verte,
pero llegaste un día.
Recuerdo que fue en primavera
y estaba solo, muy solo.

Llegaste, eso sí, sin anunciarte,
sin preguntar si podías quedarte
o si precisaba compañía.

Y te hice un hueco en mi casa,
una casa que estaba vacía.
Y me fui acostumbrando a ti,
a tus constantes cambios de humor,
a entenderte sin entenderte,
a la languidez de tus tardes,
a tus gritos e insultos,
y a esas malas maneras
con que cierras las ventanas
y apagas todas las luces
para que nadie me vea.

Siempre trato que no te oigan,
que no se note tu presencia,
ni sepan que eres mi amiga.

Y no es por miedo ni vergüenza,
es sólo el temor absurdo
de que puedas ser compartida.
Intento esquivarte cuando puedo,
que no me veas levantarme
y escaparme de puntillas.

Pero apenas me observas moverme,
te yergues enojada y me chillas
¿ A dónde vas sin mi?

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