TEXTO LIBRE. Carmen Cano

Una luz tenue iluminaba el cuarto en el que se encontraba. Su casa tenia mil y un detalles, era acogedora, cómoda y muy femenina. El desorden la ponía nerviosa, por lo que se podía ver un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio. Miró a su alrededor y sintió mucha tristeza, porque el silencio la aplastaba y sus pensamientos se amontonaban en su mente a tal velocidad que necesitaba cada vez más aire, como si sus pulmones estuvieran encogiendo.

Se incorporó de un salto del sofá y encendió su ordenador para neutralizar su cabeza y no asfixiarse.

La luz de la pantalla iluminaba su rostro pálido y hacía más claros sus ojos miel. Era una chica delicada y femenina con facciones dulces por las que no parecían pasar los años.

En voz alta exclamó: ¿Cómo llenar la casa de gente con algo tan sencillo como un clic? Entrando en mi foro favorito: Foro Literario de Ciber Escritores.

Nada más aparecer su alias le empezaron a saludar y a dedicar frases más o menos acertadas pero simpáticas y se dibujó una sonrisa en su cara.

Primero leer a los demás y luego intervenir, esa era su máxima, su regla de oro del juego. Era un juego, sí, jugaban con las palabras, con rimas y poemas, con la improvisación del momento, con batallas de textos espontáneos. En ocasiones había hasta veinte autores anónimos. Se organizaban fiestas de letras muy divertidas y auténticos dramas dignos de la Tragedia Griega más pura porque también compartían textos personales. Querían recibir crítica y halagos. Normalmente eran todos muy buenos unos con otros. Si algo no parecía bueno o no gustaba, simplemente no se decía nada, se lanzaba nuevo tema. El foro era un lugar en la red para reunirse y compartir emociones, salir de la soledad, salir de dentro con el anonimato, pero entre semejantes.

Poco a poco, con el tiempo, los alias iban tomando personalidad. Las palabras que escogemos, los sentimientos y acciones que expresamos van desvelando la personalidad de cada uno, sobre todo, si se va improvisado y uno se encuentra entre amigos conectados, no visibles. Es más fácil conectarse con uno mismo sin ver la mirada del otro. Podría apostar que nadie inventaba un personaje fuera de los relatos compartidos.

MIMS era su Yo sin máscara, sin físico ni estatus. Un alias que significaba mimos. Curiosamente nadie la confundía nunca por cómico mudo, quedaba claro que era mimos de caricias; porque esa era la esencia que desprendía al escribir.

Nadie se conocía con nadie fuera del foro. Los rostros los ponía la imaginación de cada uno y lo que transmitían sus textos. Tampoco sabían, cuando se preguntaban algo tangible, si se decían la verdad. Un sexto sentido aparecía y se agudizaba con las horas de práctica, ayudando a distinguir lo autentico de la ficción.

Esa noche, el foro general estaba muy animado. Todos intervenían en mayor o menor medida y emocionaban, hacían reír o llorar dependiendo del momento. Ella al principio recargó energía positiva pero pronto dejó de escribir y los ruidos volvieron a su mente.

Inesperadamente su pantalla se fundió en blanco y una sola palabra apareció tras un alias desconocido:

ECLIPSE: Hola.

Esto ocurre cuando alguien abre un privado donde el foro se reduce a dos, y no era una práctica que le gustara; porque solía acabar casi siempre en una petición de cita fuera o de cibersexo. Ni lo primero ni lo segundo le gustaban a Mims, pero era mejor leer primero la petición y luego responder amablemente con una negativa a seguir hablando en privado.

MIMS: Hola Eclipse, no tengo visto tu nombre por aquí. ¿Por qué quieres hablar en privado?

ECLIPSE: Sí, siempre entro con otros nombres para despistar. Quiero hablar contigo en privado porque quiero saber qué te pasa.

MIMS: ¿Qué me pasa? No entiendo a qué te refieres, a mí no me ocurre nada.

ECLIPSE: Mims, te he leído día tras día y creo conocerte lo suficiente para ver que no estas bien, algo te ocurre. Me llega tu tristeza. Creo que hoy quien necesita mimos eres tú.

Claro, ahí estaba, entraba como amigo o amiga, cordialmente y a la mínima ya entramos en el tema…

No aguantaba tener que hablar mal a nadie, ni ser grosera, pero en algunos momentos no hay otro camino. Se disponía a responder tajantemente cuando se coló un largo texto en su pantalla que no pudo dejar de leer hasta el final.

A medida que leía su palidez desaparecía y su corazón se iba acelerando.

ECLIPSE: Te conozco, aunque nunca haya visto tu risa, sé como sonríes. No sé el color de tus ojos, pero sé cómo miras. Conozco tu mirada de sorpresa, como la que estas poniendo seguro ahora. Conozco tu mirada de miedo y de desconfianza. Sobre todo, conozco tu mirada dulce llena de amor cuando ves algo bello, cuando la realidad toca tu alma y tu esencia se eleva emocionada. No sé cómo caminas, pero conozco tus pasos. Jamás me has abrazado, pero puedo sentirte haciéndolo y renovándome por dentro. Cambias mi oscuridad por luz cada vez que te leo, cuando te imagino y te siento. Porque yo te siento Mims. Puedo sentir tu tacto, tu calor, ver tus manos recorriéndome y puedo saborear tu esencia. Conozco tu corazón, tan puro y sensible pero fuerte y enorme en el que no hay sitio para nada que no sea amor. Sé que hay momentos en los que te abraza la soledad como una soga que te ahoga, y la tristeza, porque no entiendes la crueldad de este mundo al que no pareces pertenecer. Deseo conocerte, pero eso nunca ocurrirá. Me conformo con reunirme aquí contigo cuando decides entrar en este espacio, entrando a la vez en mí. Sé qué te pasa, aunque te lo pregunte; ya sé la respuesta. Puedes intentar disfrazarte y puedes intentar huir hasta de ti misma, pero te conozco. Te conozco tan bien que sé lo que necesitas. Deja de esforzarte por que te entiendan y por entender, tú sólo tienes que fluir y dejar salir quien eres. Mézclate con la vida sin preguntas, sin respuestas, tan sólo disfrutándola, y ábrete a sentir. ¿Puedes tú sentirme a mí, Mims?

Dispuesta a cerrar la pantalla se dio cuenta de que no podía negar la evidencia, las palabras la habían atrapado, habían erizado su piel y habían cambiado su agobio por una sensación casi de éxtasis místico. Se encontró de repente preguntando:

MIMS: ¿Eres hombre o mujer?

ECLIPSE: ¿Qué importa Mims?

MIMS: Sí importa porque tengo una reacción muy extraña en mí y una fuerza imparable me dicta poder sentirte como tú a mí, aquí y ahora. Jamás he hecho esto, pero quiero hacer lo que dices; dejarme sentir.

ECLIPSE: Siénteme entonces sin saber mi género…

Durante unos minutos imaginaron encontrase frente al mar y se amaron sin cuerpo, tan sólo con el sentimiento, con las palabras. No había límites ni había obstáculos. El mundo se hizo inmenso y después de fundirse se despidieron dulcemente agradecidos.

Fueron pasando los días y no volvieron a encontrarse. No supo si Eclipse volvió a cambiar de nombres y se escondía detrás de nuevos o antiguos miembros y hablaban sin saberlo. Después de varios meses encontró alguien de confianza y reunió el valor para preguntarle si le conocía.

MIMS: Hola ALBCN, necesito saber si conoces a ECLIPSE, si sabes cuándo entra.

ALBCN: Hola Mims, sí la conozco, pero no creo que vuelva a entrar en este foro. Supe que se despidió de todos, uno a uno.

MIMS: ¿Has dicho “la”? ¿Es una chica?

ALBCN: Sí ¿por qué?

Mims cerró el privado y bajó la tapa del portátil de un golpe, como si pudiera así evitar que le vieran la cara y experimentó una extraña sensación que no podía definir. Una mezcla de sorpresa, asombro, incredulidad, vergüenza y duda. Al pasar los minutos todo se unió en una sola palabra; gracias.

Primero rió agradecida y luego se mantuvo en silencio largo rato.

Finalmente volvió al foro para escribir:

MIMS: Te encontré ingrávida suspendida en el infinito que nos rodea. Golpeaste mi pecho con cada palabra. Llegaste a mi alma directamente. Volamos juntas hacia un lugar sin espacio ni tiempo, rodeadas de mar y sentimiento.

Saliste de tu cuerpo y libre, pura y etérea me sacaste a mí del mío. Desnudaste mi espíritu y me enseñaste a amar sin carne, respirando el deseo.

Hiciste lo que más anhelabas, lo que mejor sabes hacer; me sentiste y me hiciste sentirme.

Nos amamos un momento siendo aire, y esta hora que deshoja el tiempo será una de todas las que pasarán con ese recuerdo. Sonríe mi alma por saberse querida y sonríe mi ser porque quiero.

Vuelvo a mi cuerpo y seguiré mi vida, con la experiencia aprendida de ser capaz de sentirme, de ser capaz de amar el sentimiento.

Suspiró profundamente, ahora sí, satisfecha, plena y feliz.

Esa noche durmió de un tirón y al despertar todo le pareció menos denso, más sencillo, más fácil. Dejarse fluir sin preguntas ni respuestas, sin ruido…Mezclarse con su esencia, volviendo a ella cada vez que el mundo la ahogara. Ahora sabía el camino: sentirse. Olvidando las formas, los géneros, las etiquetas y centrarse en los sentimientos. No era una cuestión física, ni de espacio y tiempo, era simplemente habitarse y escuchar su alma. Conectarse con lo que realmente era, con el sentimiento. Vivir desde el corazón vibrando desde su esencia y volviendo ahí cada vez que lo necesitara.

 

Carmen Cano Rueda

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