TODAS LAS MENTIRAS. Marga Rivet Rubio

Cerré mi trolley. Partía esa noche hacia Sudamérica. Sonó el timbre de casa y salí a tomar el taxi que esperaba en la calle para llevarme al aeropuerto.Una vez allí, realicé los trámites propios del embarque, y me senté en la sala VIP a esperar, a observar a la gente, a imaginarme la vida que tendrían, como hacía habitualmente. Esa, era la mejor parte del viaje. Tomé una botella de agua del mostrador y me senté. Frente a mi, se acomodó una anciana que llevaba un bastón y a la que ayudaba en todo momento una asistente. Sacó su portátil y comenzó a escribir en el a una velocidad vertiginosa. El reflejo de la pantalla, proyectaba un brillo especial en sus gafas que hacía que sus ojos resplandecieran aún más. Hubiera pagado por saber lo que escribía con tanta pasión.

Consulté mi reloj, recogí mis cosas y me dirigí a la puerta de embarque. Entre muy rápido, sin esperar apenas. Una vez en la cabina, deposité las pertenencias que creí necesitar durante el vuelo, en mi asiento, y me dirigí al baño. Al volver, encontré a la anciana del bastón ubicada en la misma fila que yo .Ambas, nos miramos sonriendo y mientras me sentaba, pensé, que, con los años había dejado de creer en casi todo. Sin embargo, tenía la certeza de que había una razón en todas y cada una de las cosas que ocurren en nuestra vida, y esa razón, dependía de lo que pensábamos: Todo lo que ocurre en nuestra vida, ha estado antes en nuestro pensamiento.. Sonreí ante la habilidad que había desarrollado de hacer entrar en mi mundo a aquellas personas que me resultaban interesantes y de la determinación con que preguntaba cuando necesitaba saber.

No se porque motivo, la señora del bastón me llamó la atención en el instante en que vi la luz de sus ojos azules. Tomé el teléfono del bolso y envié un par de mensajes despidiéndome de mis hijos y confirmando la hora de llegada de mi vuelo a mi marido. Encendí mi portátil y mientras este se ponía en marcha , giré el rostro hacia la anciana cuando me preguntó mi nombre.

Hablamos durante un buen rato sobre el tiempo ,el aforo del vuelo, la pésima comida de los aviones , el carácter en general antipático de las azafatas y algunas anécdotas en los aeropuertos. Después pregunté:

– Viaje de trabajo?

– No – dije. Yo leo, escribo, duermo. Hago lo que no tengo tiempo de practicar con frecuencia. Hice un silencio y continué: Apasionante lo suyo, no?.

– Gratificante – dijo. Personas a las que llevo años tratando, son capaces mediante un esfuerzo titánico y constante, de llevar una vida mejor, de desprenderse de sus miedos, de armarse de valentía para reciclar su pasado y de escribir un nuevo guión que los dirija hacia la felicidad. sobre todo, gratificante es, ayudarles a conocer la verdad sobre su historia personal para que comprendan porque su camino fue uno y no otro.

– Pero el camino es el que uno decide, no?- pregunté. Habla usted como si uno no pudiera elegir lo que quiere ser. Lo que no se puede elegir es la familia. Uno cae donde cae por accidente, por azar. La familia viene impuesta.No hay otra opción. Sin embargo, creo que uno es dueño de abrir una u otra puerta.

– Le voy a hablar desde mi experiencia – contestó. Desde el mismo momento en que nacemos, desde el primer segundo en que comenzamos a respirar, todos, absolutamente todos, sufrimos el efecto de la domesticación. La domesticación , no es solo una disciplina que nos enseña a comer, hablar, vestirnos,leer o escribir. La domesticación, va más allá. También se nos orienta para sentir de una manera, es decir, para relacionarnos emocionalmente con los demás.Se quitó gafas para limpiarlas y prosiguió:

– Cuando somos niños, nuestros padres nos fuerzan a hacer inconscientemente lo que quieren que hagamos o seamos, amparándose en lo que creen que es la verdad: en sus expectativas, en su estado de malestar o bienestar, en la imagen que tanto uno como otro tiene de si mismos, en las emociones insanas de ambos, en la lucha por el poder dentro de la familia, en los sucesos acaecidos en su propia vida, etc. Y su verdad, es en casi todos los casos, nuestra mentira. El camino cuando se es niño, no se elige, pero eso no impide pensar que con los mismos padres, nuestro camino podría haber sido otro y por tanto, nuestra historia, también.

– Quiere decir que nuestros padres escriben nuestro guión?- Pregunté asombrada. Nosotros no tenemos nada que decir? Yo creo que desde la infancia se toman decisiones propias eso si, con la información y recursos de ese momento. Asumimos los deseos de nuestros padres sin mas? – Dije con los ojos muy abiertos.

– El guión de nuestra vida, lo escribimos de niños durante la infancia , pero bajo la influencia de nuestros padres . Es un argumento preestablecido que nos sentimos obligados a representar independientemente de si nos identificamos o no con nuestro personaje .Actuamos y pensamos como vimos hacer a nuestros padres. Tenemos una infinita capacidad de imitarlos y esta , comienza desde que somos niños. Se queda grabado en nuestra memoria y condiciona nuestro comportamiento. Pero en muchos casos, no nos respetan la individualidad, no nos valoran como seres humanos, no nos aman incondicionalmente y no nos enseñan a hacer lo que queremos siempre que nos convenga y solo porque somos niños a los que hay que educar Pero, y quien nos dice que ellos no tengan deficiencias emocionales? Quien nos dice que sea lo  que nos conviene realmente?

– Hay una parte racional en nuestro cerebro- dije. Y  también,  está nuestro deseo de ser libres. Es un acto natural rebelarse con mayor o menor vehemencia por querer ser lo que deseamos ser. Es algo que nos sale de forma espontánea por encima de todo.

La anciana, cambió de postura y dijo:

– No entiendo esto de que en nuestra mente convivan personajes – contesté. Esto que usted dice, para mí son reacciones ante estímulos exteriores. Nos enfadamos o tenemos rabia o miedo ante una situación estresante. No entiendo que pintan aquí los padres. Para mi, esto se llama temperamento.

– Y para mi también, pero manipulado desde la niñez por nuestros educadores.Nuestros padres no nos educan desde el amor incondicional. No es cierto que tengamos que ser los más guapos, ni los más diligentes, ni los más astutos para ser felices. Sin embargo, estos mensajes los recibimos constantemente de una forma u otra. En un noventa por ciento del tiempo con lo que nos dicen de
forma implícita pero también con lo que no nos dicen.Para no defraudarles y por lo tanto , para sobrevivir, nos obligamos a llevar un zapato que nos hace mucho daño muchas veces y con el que caminamos el resto de nuestra vida, es decir, representamos la función disfrazados de personaje y creemos que nuestro pie es el deforme, cuando es el zapato el que no nos vale. Nunca nos dicen: si te quitas el disfraz, también te vamos a querer y hasta que descubrimos este chantaje, esta vil mentira, vivimos engañados porque lo que deseamos es complacerles para sentirnos queridos y protegidos.

– Pero ustedes los psiquiatras, hacen responsable a la infancia de todos los males de los adultos, y la infancia, es pasado- dije alterada

– No querida – contestó. La infancia no pasa jamás. Jamás. Nos vemos , como nos veíamos de niños y vemos lo mismo que veíamos de niños. Y al ver lo mismo, sentíamos todo lo que sentíamos: la misma soledad, la misma tristeza, el mismo miedo. Las personas de nuestra vida actual, solo tocan situaciones de nuestra infancia y lo que vemos, no es lo que vemos ahora, sino lo que veíamos de niños.

– Sentí unas ganas tremendas de llorar, porque empezaron a cuadrar matemáticamente muchas cosas que me habían llegado de mi padre y mi madre y que me producían un dolor que hasta ahora, nunca me había atrevido a reconocer. Me excusé diciendo que necesitaba ir al baño. Me ordené el rostro y regresé. La anciana se había quedado dormida. Me resultó muy duro reconocer en mi, todo lo que habíamos hablado, pero lo encontré en todas y cada una de sus palabras. Llevaba años recorriendo consultas de psiquiatras y en un simple viaje, había descubierto la gran verdad o la gran mentira…….

– Tenía en mi mano el cabo del ovillo y necesitaba seguir.

En un estado de duermevela, daban vueltas en mi cabeza muchas preguntas. Quedaban aún seis horas de viaje. Las turbulencias y el aviso para abrocharnos el cinturón que llegó después por megafonía, nos despertó a las dos casi al unísono. Bebí un gran trago de Coca Cola y continué mi búsqueda.

–  Según usted, vivimos bajo una maldición. Poder ser libres, vivir el guión escrito por nosotros es imposible, no?

– Afortunadamente, los guiones pueden ser modificados- dijo ella. Y lo que es más importante, ese cambio de guión se realiza cuando el nuevo guionista decide ser uno mismo, reescribiendolo a partir de los deseos legítimos con los que queremos vivir nuestra vida. El futuro de cada ser humano depende de muchas cosas, pero la responsabilidad es el factor de mayor importancia. Esa responsabilidad se expresa en la capacidad de generar cambios en uno y en las propias circunstancias pero sobre todo en la determinación para asumir la dirección de nuestra propia vida, cambiando lo que toca cambiar.La consecución de la propia libertad llega cuando somos capaces de renunciar a lo que somos en favor de lo que podemos llegar a ser, es decir , cuando asumimos el reto de escribir y vivir nuestro propio guión de vida

–  Quizá es muy atrevido lo que voy a preguntarle, pero me mueve una curiosidad brutal- dije. Crió usted hijos felices?

Ella se quitó las gafas y giró para hablarme. Sus ojos azules, se tornaron acuosos.

– Aquella noche, German, mi marido también había bebido. Pero era incapaz de reconocer que era alcohólico. Estuvo años engañándome. Insólito- dijo. Un psiquiatra alcohólico que engaña durante años a otro psiquiatra. Tomó aire y continuó. Ayudaba a gente alcohólica y era un borracho. Un puto borracho que desplegaba toda su agresividad conmigo y con mis hijos. Disfrazaba su violencia con estrés y presión en el trabajo- dijo amargamente. Llovía mucho y el coche se descontroló. Nuestro hijo murió y yo estuve más de un año , soportando todo tipo de intervenciones quirúrgicas que acabaron en esto que usted ve ahora- dijo señalando su bastón. Ya no puedo caminar como antes, ni ver a mi hijo nunca más.

Cuando salí a la calle, me senté en un banco. No podía respirar. Saqué una botella de agua de mi bolso y la bebí de un solo trago. Me ahogaba. La densidad de todo lo que había oido desde que me subí a ese avión, me ahogaba.Todas las mentiras me ahogaban. Saqué mi teléfono y marqué.

– Si, soy Elena, dije. Necesito una sesión individual con Germán. En tres semanas. Si, estoy fuera de Madrid. Martes a las cinco esta bien. Gracias.

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