UNA FRUTA DIFERENTE. May Gonzalez

Había una vez cinco mandarinas que vivían en un frutero sobre la mesa de la cocina. Un día, Mario, el peque de la casa, volvió del cole, y como no se había comido su plátano en el recreo, lo sacó de la mochila y lo puso en el frutero para que no se estropeara. Las mandarinas se llevaron un susto tremendo al ver junto a ellas a aquella fruta tan diferente. Nunca antes les había pasado algo así.

-¿Pero quién eres tú? preguntó una mandarina que llevaba puesto un sombrero verde al ver al plátano tan largo y amarillo.

-Soy un plátano. ¿Y vosotras qué sois?

-Somos mandarinas, familia directa de las naranjas, pero más pequeñas – respondió la que tenía un sombrero rojo.

-Lo sentimos mucho, pero te tienes que ir, este es nuestro hogar y sólo es para las de nuestra clase -dijo la mandarina con el sombrero azul.

El plátano se puso muy triste al oírlas. ¿A dónde iba a ir si las mandarinas no le acogían en el frutero? Pensó un momento, se fue corriendo y volvió muy contento con un traje de color naranja y un paraguas a juego.

-Y ahora ¿qué tal?, ya me parezco un poco más a vosotras.

-No, no te pareces en nada -le dijo la mandarina del sombrero rosa.

El plátano se quedó otra vez muy triste, pero decidió intentarlo de nuevo. Se le ocurrió una nueva idea. Cogió un globo color naranja, lo infló mucho y se metió dentro, quedando muy redondito.

-¿Cómo me veis ahora, chicas? ¿Parezco una mandarina o no?

-Ahora pareces más bien una naranja gigante -le contestó la mandarina del sombrero verde. No te molestes, nunca podrás ser una de nosotras.

-¿Una de vosotras? –preguntó el plátano con sorpresa- ¡Yo no quiero ser una de vosotras!; yo sólo quería parecerme un poco para que no me echarais del frutero. Pero yo soy un plátano y es lo que quiero ser. Soy una fruta maravillosa, al igual que vosotras doy mucha energía, aunque no soy tan refrescante soy de gran alimento, y además, mi color amarillo me encanta, ¡no lo cambiaría por nada!

Las mandarinas escucharon atentamente al plátano, se miraron y hablaron un momento entre ellas y después se echaron a reír. Habló la del sombrero rosa.

-¿Sabes qué, plátano? Puedes quedarte con nosotras. Pero no porque seas una mandarina, si no por ser un plátano tan divertido. Todas creemos que darías mucha alegría a nuestro frutero.

-¿De verdad? ¡Pues dadme  un abrazo, amigas mías! ¡Ya veréis cómo nos divertimos!

Las seis frutas se abrazaron con mucho cariño, y luego el plátano les preguntó:

-Tengo una curiosidad, por qué lleváis puestos esos sombreros?

-Pues para qué va a ser -dijo la mandarina del sombrero rojo- ¡Para distinguirnos entre nosotras! Pero no te preocupes, a ti no te hace falta sombrero, con esa forma y ese color amarillo tan bonito que tienes, sabemos quién eres perfectamente.

-Cierto, el único problema que veo es que algún día pongan más plátanos en el frutero.

-Aunque eso pasase, lo tenemos todo previsto. En el armario de la cocina tenemos guardada una bolsa entera llena de sombreros.

-¿Sabéis qué os digo? Que ¡sois las mejores mandarinas del mundo! Estoy muy contento de ser vuestro amigo, y sobre todo, de lo que estoy más contento es de no tener que ponerme todos los días aquel disfraz color naranja, y mucho menos ¡vivir dentro de un globo!

Todas las mandarinas se rieron a carcajadas. ¡JAJAJAJAJAJA!

Y desde entonces las seis frutas convivieron en paz y con mucha diversión en aquel frutero, eran felices porque todas podían ser lo que eran.

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