UNA VILLA. Eva Maria Moya.

-Si me das cinco pesetas te enseño las tetas- el semblante del muchacho se tornó rojo tomate, dio media vuelta y salió corriendo.

Aunque parecía mozo, todavía vestía pantalón corto. La Basi rondaba los 25 y un trastorno en el desarrollo dejó congelada su mente en la infancia. Sucedió hace tiempo y  la cuestión de la Basi fue de todo el pueblo. Su nombre de nacimiento era Villarin, pero pasaron a llamarla  Basilisca por lo violenta y descompuesta que se ponía cuando se frustraba. El pueblo en reunión decidió no hacerla enfadar y como si de medicina se tratara la Basi dejó de ser un problema para ella y los demás. Con algún incidente,  pero nada destacable.

Esas eran las reglas del lugar, lo que ocurre en el pueblo, en el pueblo se queda, gozándose de  ser  un pequeño Estado con gestión igualitaria en derechos  y equitativa en responsabilidades. Las montañas ayudaban en esta situación de aislamiento e independencia haciendo de murallas protectoras, abajo en el valle se encontraba protegida la villa, una suerte de belleza natural de cien vecinos.

El pueblo tuvo celebridades en el pasado, como Rotencio el Avispa que llegó a encabezar un pequeño ejército de paz. El caso es que no hubo conquistadores que se hicieran con el lugar, ni antes ni ahora. Como la señorita de la ciudad que quería internar a la Basi en un centro.

-¡Pero qué centro ni qué extremo, la Basi se queda aquí! El pueblo entero es su casa- gritaban los vecinos.

En el pueblo no hay religión, pero sí ceremonias, actos mágicos que funcionan. El día que regresó la señorita de la ciudad para llevarse a la Basi hubo reunión nocturna,  la del conjuro del orujo; en círculo, cada uno con su vaso da  un trago al líquido espirituoso y se lo  pasa al compañero, repitiendo: “La Basi no se va”, así hasta que las piernas se aflojan y cada uno se va a su casa,  todos blandos y corajudos.  A la mañana siguiente la señorita de la falda de tubo gris y gafas oscuras se subió al autobús y regresó a la ciudad. Jamás intentaron llevarse a la Basi.

El día que nació la Basi hubo una tormenta de aire y se volaron los tejados, la pobre Manuela se vio pariendo sin techo y con un gran susto, el pueblo a una se dispuso a dar cobijo a madre e hija recogiendo los escombros y preparándoles un lugar más confortable en la única casa que conservaba  el tejado.

Cada vez que hay alumbramientos en el pueblo lo celebramos  durante una semana, bien de comer y beber y cada cual prepara su especialidad, Maríano el Puntas hace las cunas; el Leoncio el herrero prepara juguetes como el aro; otros,  trigo y semillas para la madre, algún cabrito o marranico,  depende la época del año.

En el pueblo no hay matrimonios,  pero sí agrupaciones.  Si la cosa funciona, sigues; que no, pues cambias. Nada hay que repartir porque todo queda en la casa.

Nos gusta llevarnos bien, pero a veces hay altercados.  El día del altercado lo dedicamos íntegramente al problema, discutimos hasta terminar con los argumentos. Pueden pasar muchas horas, pero no nos vamos hasta que todos hayan discutido, aunque sea un poco. Esto es sano, porque guardarse las cosas dentro  arruga el ceño y el corazón . Y que tan bueno es callar como gritar.  Faustino el Gafe siempre tuvo mala suerte es por esto que lo dejamos quejarse un poco, pero creo que cuanto más se queja más gafe es.

No nos gustan las quejas porque son de lloricas y debilitan. Si algo no te gusta lo cambias y fuera.  Cada uno con lo suyo.

Si hay un pobre en el pueblo lo respetamos y dejamos que siga pobre, si es lo que le gusta…

Y el que va de miserable, a ese hay que quererlo más,  pobre infeliz.

Hombres, mujeres y animales tenemos el mismo estatus, por eso en el cementerio estamos todos mezclados, a fin de cuentas al mismo lugar vamos. No sé bien dónde, pero juntos vamos.

Hubo un tiempo que Macario el Zurdo tuvo una crisis, se preguntaba ¿a dónde vamos y de dónde venimos? Yo no sé para qué tanta pregunta. Sabemos que el sol sale por la mañana y se pone por la noche que es cuando aparece la luna,y que es cuando las hembras paren. Que la primavera llega después del invierno y que para fines de agosto vamos a por leña para el invierno y también sabemos  que el pueblo sólo es uno, único como nosotros.

Macario pasó su crisis y escribió un manual de preguntas sin respuesta por si acaso a otro le entraba el tabardillo de la crisis y para hacerlo más interesante lo escribió con la derecha. No hay quien lo lea de puro extraño. Pero ahí está, con su contribución. En el pueblo creíamos que lo que necesitaba era una buena moza, pero nos equivocábamos, era un mozo lo que anhelaba, y un día se enteró.

Fue en primavera cuando revoloteamos todos locos de alegría por el sol. El Mauro, el hijo del Chichas,  pegó un estirón y se hizo hombretón y cuando ese mes de marzo se vieron,  fue como si el muchacho hubiera llegado del extranjero, se enamoraron y por fortuna para el Macario se acabaron las crisis.

Todas las mujeres en el pueblo son guapas, porque se lo repetimos desde pequeñas todos los días :

– ¡¡Guapa !! ¡¡Hermosa!!- una y otra vez.

Cuando crecen las muchachas son más seguras de sí mismas y eso las hace hermosas.

A veces en el pueblo hay renegados y terminan marchándose, van por el mundo sin raíz a merced del viento. Algunos de ellos regresan ya mayores,  el pueblo entero se alegra, tienen muchas cosas que contar de sus idas y venidas.  Tan importante es el que se va como el que se queda.

La Basi lo sabe todo, no sé de dónde lo saca, pero lo sabe, de repente un día se levanta y dice:

-Mañana el hijo de la Sabina se levantará con sarampión-  y dicho y hecho que el muchacho se levanta con más granos que una paella. A veces la gente hace fila para preguntarle cosas y si ese día le apetece   te contesta.  Y, si no,  hay que esperar a que ella quiera.

La Basi es muy graciosa, porque hay días que  apenas mueve el cuello como si fuera de lata y sin embargo hay otros que le da por bailar y parece que no tiene huesos.

La Basi tiene un hermano, el Tormentas, porque también nació en día de tormenta y eso  ya no era coincidencia. Lo llamaban el Tormentas,  porque salió artista y al principio, de bien  pequeño solo dibujaba tormentas en el papel,  rayos como cuchillos  que cortaban el cielo oscuro. Todo un fenómeno el muchacho, cuando pudo progresar empezó con los retratos, el primero el de la Manuela y la Basi -¡Rediós qué bien le quedó!- .  Las dos mujeres hermosotas y soberanas.

Todo el pueblo quería que el Tormentas le hiciera un retrato, así que el muchacho dibujó y dibujó hasta que todos tuvieron su cuadro. A cambio jamás le faltó nada. Y es que el arte es algo que no se puede explicar, viene de lo oculto y se manifiesta, es algo grande…

Más adelante el Tormentas se juntó con la Adelaida, lista como una centella, rápida como una liebre. La Adelaida desde pequeña despuntaba por su inteligencia, observadora y callada, cuando abría la boca bien merecía la ocasión. A veces con tan solo una palabra dejaba a todos pensativos y boquiabiertos. Y es que hay gente que tiene el don.

Un día decidió ponerse un calcetín de cada color, y cuando alguien le preguntaba que ¿por qué? ella tranquilamente contestaba ¿y por qué no? Y uno tras otro nos alejábamos  con la pregunta rondando por la cabeza

El Faustino al que llamamos Ustino el Mudo es el gran amor de la Manuela y padre de sus hijos. Su oficio de pastor lo hace estar mucho tiempo en los pastos, junto a las ovejas y los cabritos, sus perros Tano y Linda duermen bajo el cielo con él y se queda ensimismado y se  llena de historias mirando las estrellas y el firmamento. Las guarda todas dentro. Meses después cuando regresa al pueblo está lleno de palabras que tiene que soltar. A la Manuela le encanta, va escribiendo los relatos que  el Ustino va contando y así cuando él no está y le aprieta la añoranza una tras otra las va leyendo y en su cabeza lo que oye  es la voz del Ustino narrando.

En el pueblo hay historias de todo tipo, fanfarronadas y cosas de honor, pero la más hermosa fue el año de las lluvias, el río creció tanto que anegó el pueblo. Desde lo alto de la montaña donde subimos a refugiarnos, vimos cómo el agua se comía las casas. Animales y personas contemplamos  las aguas feroces.

Fue cuando alguien comenzó a sollozar y después otro y así hasta que los llantos se convirtieron en melodía y luego concierto y las aguas lavaron los ojos y los corazones y aprendimos a dejar atrás y volver a comenzar. Que si algo sabemos es que después del fin viene el comienzo, que la flor trae el fruto y que  previo  fue que quedara el árbol

desnudo  así una y otra vez .

Y volvimos a reconstruir el pueblo, lo hicimos  como los estorninos;  todos a una, y seguimos creyendo que todo está bien, que la vida es para llenarla de experiencias ¡Ea!

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