YA TENEMOS EL BOMBÓN. Arantxa Bustindui

Era el 30 de noviembre del año 2011, y mientras desayunaba me di cuenta de que no sentía sus patadas dentro de mi tripita. Eso era imposible…Todas las mañanas desde hacía tres meses, sentía un jugador de fútbol en cada uno de los desayunos. Cada mordisco que le daba a la magdalena con chocolate, “bum, bum, patada va, patada viene”. Cuando pasaba la patada, me sentaba, volvía a morder y “bum, bum, patada va, patada viene”. ¡Todos los días!

Algo iba mal, así que me fui corriendo al hospital a ver a mi médico y que me dijera que mi pequeño bombón estaba bien. No sólo me dijo que estaba bien, me dijo que ya iba a salir de mi tripita, y que lo iba a poder abrazar.

Llamé a su padre, que vino corriendo, con una maletita llena de todas las cosas que necesita un bebé: chupetes, ropita, mantita, … Nos subieron a una habitación y nos quedamos esperando a que llegara el médico.

Y al final de la mañana…allí estaba ella. En mis brazos, con mucho pelo y morenita, y con unos ojos que parecía chinita. Vino un nuevo médico, el que cuida de los recién nacidos, y nos preguntó su nombre para apuntar que todo iba bien y dejar que nos la llevásemos a casa.

No sabíamos su nombre. Su padre, sus dos hermanas y yo estuvimos días y días hablando sobre un nombre para ponerle. Salieron muchos: Malena, Alejandra, Macarena, Patricia, Beatriz, María …Pero no nos habíamos decidido. Dudábamos entre Patricia y María.

¿Y ahora qué iba a pasar?

¿Se llevarían a nuestro bombón porque no sabíamos su nombre?

¿Sus hermanas se iban a quedar sin verle la carita morena?

Tenía ganas de llorar porque no podía ser, era nuestra pequeña. Teníamos que ponerle un nombre rápido. Tenía que conocer a sus hermanas, y llegar a casa con sus papás.

La cogimos en brazos y cuando la llevábamos a nuestra habitación del hospital, a su cunita, su papá y yo decidimos que sería María. Era un nombre que siempre nos había gustado, que casi se lo ponemos a sus hermanas mayores, y además es el nombre de la mamá de Jesús. ¡Estaba claro, se llamaría María!

Sus hermanas Ángeles y Cristina llegaron al ratito y vieron a su hermana pequeña. Y yo les dije con una sonrisa grande, muy grande:

-Decidle hola a vuestra nueva hermanita. Se llama María y mañana la llevaremos con nosotros a nuestra casa.

Ángeles y Cristina sonrieron también y querían cogerla y achucharla. Tenían muchas ganas de tener en sus brazos a su nueva hermanita, María. Querían cambiarle sus pañales y darle el biberón, y sobre todo, sobre todo, querían que viniese con nosotros a casa.

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