MI PRIMER LOGRO – Consuelo Silveira Pardo

No tuve una infancia fácil…, pero hoy reconozco que fue muy interesante y desde luego enriquecedora.

Vengo de una familia llamémosle original… vivíamos en un barrio humilde, con todas las dificultades de la postguerra. Mi madre, una artista del “varieté”, descendiente de una saga de actores y bailarines, era especial y muy abierta para la época. Mi padre venia de otras ramas, era conductor de camiones, eso sí, muy carismático además de atractivo y conquistador.

Llegaron a tener tres hijos, más una hermana mayor que mi padre aporto al matrimonio.

Mi madre era inquieta y muy imaginativa… le gustaba escribir, y decidió, que mi hermano y yo con solo 6 y 4 años nos convirtiéramos en pequeños artistas; nos escribía guiones simpáticos, y nosotros con la gracia y espontaneidad de la infancia… los interpretábamos sin ninguna timidez.

Comenzamos actuando en las fiestas del colegio, después en las fiestas del barrio… hasta que llegamos a ser tan reconocidos que nos llamó el alcalde del municipio para actuar en actos benéficos.

Para dar sentido al desenlace de esta historia, es importante saber que convivíamos mis abuelos, mis padres y nosotros cuatro en un piso muy pequeño.

Ahora ya podemos volver al alcalde, que por cierto se llamaba Don Eusebio. Don Eusebio, era un respetable señor de unos sesenta años, casado y sin descendencia, la verdad que mi hermano y yo le hacíamos mucha gracia y desprendía ternura…

Nos regalaba muchos juguetes, y un día, mi madre, con su especial desparpajo… me dijo… .-Consuelito!, cuando Don Eusebio te regale otro juguete, dile.- Don Eusebio, no puedo llevar más juguetes a mi casa, vivimos con mis abuelos y no tengo una habitación para mi… mi mama me dice… que si en el Ayuntamiento no hacen pisos para familias numerosas sin recursos…

Don Eusebio… se echó una carcajada… y me dijo:

.-Di a tu mamá, que lo has relatado perfectamente y que yo lo he comprendido.-

Pasados unos días…, llamó un guardia urbano a nuestra puerta (no teníamos teléfono), mi madre en un principio se asustó…. pero con mucha ceremonia el guardia le entrego una nota que decía; – El señor alcalde enviara mañana a las once un coche oficial, para que vengan con la niña al ayuntamiento, donde se les espera.

La calle donde vivíamos era muy estrecha y en cuesta, casi sin asfaltar, y cuando llovía los pocos coches que pasaban se llenaban de barro… A las once en punto llego el coche, rigurosamente negro y ocupando la estrecha calle de lado a lado, llevaba una bandera de España en el morro redondeado y su tapicera de un pulido cuero negro… Mis padres, ataviados con sus mejore galas y yo con grandes lazos en mis coletas, nos subimos en aquel lujoso coche. Las vecinas se asomaron a las ventanas, y yo les decía adiós con mis manitas…

Y llegamos al ayuntamiento… -. hace poco tiempo, quise pasar de nuevo por delante del suntuoso edificio, y sigue ahí… con sus dos bolones de piedra gris en la entrada del amplio patio que antecede a unas elegantes escaleras de piedra. Esa piedra gris de los edificios oficiales de la época, con ese aspecto que imponía por frio y distante.-.

Mis padres, y yo de su mano… fuimos dirigidos por el policía hasta la enorme puerta de madera oscura con grandes cuarterones. Tras una mesa enorme se encontraba Don Eusebio, se levanto y con mucha ceremonia nos invitó a sentarnos… sentada en un gran sillón en el que me colgaban los pies…, la enorme mesa no me dejaba ver a Don Eusebio.

Este me pidió que le mostrara mi mano y en ella… deposito una bolsita de terciopelo azul. Dentro estaban las llaves de la primera casa en la que comenzábamos una mejor vida.

.-Diciéndole a mis padres: Esta vivienda social, les permitirá que la niña pueda tener su habitación y sus juguetes. Como familia numerosa Uds. tienen derecho a acceder a ella.

Don Eusebio, se despidió de mí cogiéndome en sus brazos, y, recordándome que el día de Reyes estaba próximo, y mi compromiso era ir con mi hermano y realizar una parodia para los niños del barrio.

Para mi familia fue una nueva vida… seguíamos viviendo en el mismo barrio deprimido, pero teníamos tres habitaciones, era humilde, pero había una plaza donde podíamos jugar con otros niños.

Desde siempre, la vida me ha brindado oportunidades, es cierto… pero hoy veo que las supe aprovechar y lo que es más importante agradecer.

Alla donde este Don Eusebio, en mi corazón tiene un lugar.

 

 

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